Creadoras en el Renacimiento

Es fácil creer que las artistas no existían antes de la Revolución Francesa o antes de las líneas cronológicas del feminismo. Muy normal pensar que recién desde el siglo XX a las mujeres se les dio bien la creación: tomaron, por «inspiración casi divina«, un instrumento y compusieron, escribieron, pintaron y expusieron en museos a los que, sin embargo, hasta hace poco, a malas se les tenía un rincón reservado. Realmente es cómodo aferrarnos a la idea de que lo único que hay respecto a las grandes creadoras, es lo que nos cuenta la Historia oficial. Nada más alejado de la realidad.

Los derechos en pro de una sociedad feminista han remecido las políticas públicas, es cierto. Y que esto ha tocado -no lo suficiente aún- al mundo del arte, también lo es. Sin embargo,  no quiere decir que antes de los dos últimos siglos no existieran mujeres pintando, escribiendo, ideando nuevas realidades, mundos paralelos… grandes obras de arte.

Retrato de Maddalena Casulana tocando el Laúd
Fuente imagen: Músicas invisibilizadas

Maddalena Casulana: publicaciones que quiebran barreras

 

Es el caso de Maddalena Casulana, compositora, cantante e intérprete de laúd. Dada la antigüedad de los registros, se estima que la artista italiana habría nacido en 1544. Fue la primera mujer en publicar e imprimir una compilación musical en formato libro, o al menos la primera de la que tenemos conocimiento histórico.

Sus primeros trabajos fueron madrigales –breves composiciones de 3 a 6 voces– reunidos en el II Desiderio (1566), «El Deseo». La publicación, además, incluía obras de Orlando di Lasso y otros compositores de la época.

Dos años después, en 1568, sale a la luz su primer libro con madrigales exclusivamente de Casulana. «Il primo libro di madrigal a quattro voci» fue la primera colección que enteramente pertenecía a una compositora.

Cabe destacar que el compilado está dedicado a Isabella de Médici. A inicios de libro, Casulana lúcidamente, señala:

 

A la más ilustre y excelente dama, Doña Isabella de´ Medici Orsini, duquesa de Bracciano.

Sé verdaderamente, Señora más Ilustre y Excelente, que estos primeros frutos míos no pueden, debido a su debilidad, producir el efecto que me gustaría, que sería, además de dar a Su Excelencia alguna prueba de mi devoción, para mostrar también para el mundo (tanto como se me permite en esta profesión musical) el engreído error de los hombres. Ellos creen tan firmemente que son los dueños de los altos dones del intelecto que, en su opinión, estos dones tampoco pueden ser compartidos por las mujeres […] Beso humildemente las manos de Su Excelencia.

Palabras que calan fuerte en el estereotipo de mujer renacentista. Consciente de su propio trabajo y talento, Casulana es enfática en aseverar una igualdad de capacidades entre hombres y mujeres. Por otra parte, no deja de ser interesante el hecho de que la confesión (pública, por lo demás), sea ante una mujer, la mismísima duquesa. Hoy le llamaríamos sororidad. La antigua camaradería que el patriarcado ha intentado obviar, borronear e incluso ridiculizar a lo largo de los siglos.

Posteriormente a la publicación, residió en Venecia. Allí dio clases de composición a Antonio Molino, poeta y músico de la ciudad. Se cree que los últimos años de vida los pasó en el norte de Italia. Su última composición de la que se tiene registro es un madrigal para tres voces de 1586. Actualmente se conservan más de 60 piezas de su autoría.

Escuchar es resistir

Existen muchas formas de hacer feminismo desde el ámbito artístico o académico. Me parece que la primera es volver a escuchar, leer, ver y disfrutar de las creadoras de nuestra Historia. Es prácticamente inútil quedarnos en la anécdota, envueltas por el misterio de los tecnicismos, arrinconadas tras el paper. ¿Hace cuánto que no disfrutas de una compositora? ¿Habías escuchado alguna vez a Casulana, pionera en su ámbito, primera mujer en publicar sus composiciones musicales?

👇Presta oído👇

Mi corazón no puede morir:
Me gustaría matarlo. Así te agradaría.
Pero no puedes sacar
de tu pecho lo que yace hace mucho tiempo.

Y matándolo, como deseo,
sé que morirías.
Yo también muero.


Por Graciela Olave Ramos

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