como enredadera

se pierde el ojo bizco

no encuentra

de dónde tirar la manga

 

el borde terroso en el cuello

de una camiseta

rozo

toco

las pupilas desgastadas por la pantalla

luces que intentan opacarse, parecerse

al rostro sombreado detrás de una vela

al papel amarillento de las viejas fotocopias

 

la histeria diminuta

entre los bordes de los dientes delanteros

un resoplido vago que te sube por la médula y vomitas

por no bruxar

más

vomitas

 

el teléfono desteñido

la boca devuelta y ácida

tambaleas

 

también se estremecen y enroscan

en las paredes

los cableados eléctricos

 

le saldrán con el tiempo las raíces

de pulgar a pantalla

de pantalla a pulgar

 

y mientras, electrocutado

tu cuerpo se reúne al de otros animales

 

a tu alrededor ya no hay ritos nocturnos

ya no hay por qué salvarse

del estallido ocular


Por Graciela Olave
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