Mano rozando un campo de trigo en blanco y negro

Toca
un ojo bizco
el borde terroso de la manga
de una camiseta
roza
toca
pupilas desgastadas
intermitencia de los años dos mil
se enrosca
como enredadera
miserable
emblema del fusil
invisible pestañea
y desemboca
la histeria diminuta
entre los bordes de los dos dientes
delanteros
un resoplido vago un silbido
sube por las médulas de aquel niño
y asoma
entre raíces humanas
el artefacto indeleble
ronquido espacial
ejecutan las hormigas
que corren por su cuerpo
electrocutan
cada órgano sensible cada huella digital
que dejó la luz,
ese rayo anglo de ojos rasgados
mano blanca lampiña fuerte y arrobas
que le llueven por el dorso
mientras se limpia el pus de los ojos

inútiles los animales se convocan
a su alrededor
no hay ritos
no hay más ritos que te salven
del estallido ocular


Por Graciela Olave

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