Blanca Varela: animal poético y terrestre

Blanca Varela (Lima, 1926-2009) fue una poeta peruana y  una de las voces esenciales dentro de la poesía latinoamericana contemporánea. Su madre fue la escritora costumbrista y compositora de valses Esmeralda González Castro (quien firmaba bajo el seudónimo de Serafina Quinteras). Esmeralda a su vez era hija de la escritora y compositora Delia Castro Márquez y nieta de la también escritora Manuela Antonia Márquez. Claramente una prolífica genealogía de escritoras y compositoras.

Blanca estudió Letras y en la universidad entró en contacto con la generación del 50. Vivió en París algunos años, ciudad en la que se nutrió del movimiento existencialista francés y otras corrientes literarias. Posteriormente pasó un tiempo en México, país donde dirigió la filial peruana del Fondo de Cultura Económica. 

La mayor parte de su vida residió en su Lima natal. Además de su escritura literaria, colaboró con críticas de cine en la revista Oiga y formó parte de la redacción de la revista Amaru. En 1996 recibió la Medalla Internacional Gabriela Mistral (Chile).

Los poemas de Blanca Varela vieron la luz en una publicación definitiva recién a sus 33 años (así es, como Cristo, santísima y humana Blanca). Ese puerto existe (1959) fue prologado por Octavio Paz y tuvo una fuerte carga surrealista. En palabras de la propia Blanca Varela: «El libro originalmente se iba a llamar Puerto Supe, que es el título de uno de mis poemas. Pero Octavio me dijo: «Ese es un título muy feo». Yo le respondí: «Pero ese puerto existe». Entonces él dijo: «Ese es un buen nombre». De manera que se tituló así: Ese puerto existe.»

Blanca Varela en un sofá fotografiada por Schwarz
La poeta Blanca Varela fotografiada por Herman Schwarz

Desde entonces, ocho poemarios conformaron su obra publicada, renovándose siempre y aspirando a la palabra esencial. De ahí que el verso breve sea una constante general en un estilo que respeta tanto el verbo como el silencio. La poética de Blanca Varela, como ya señaló alguna vez Paz, es conjuro. Y en ese conjuro un rito, un canto breve y conciso que recuerda a una Latinoamérica mágica y oscura.

Su lirismo es vertical pero terrestre. Camina entre los rincones más oscuros del ser humano con una carga existencial evidente. En estos poemas de Blanca Varela comprobamos que la voz de su escritura tiene un deje endiosado de los que se han escarbado el alma y la han dispuesto en el poema, los que con toda su humanidad han visto más allá de la pupila del otro. Y en la otra orilla, una animalidad casi subterránea que alimenta en su descomposición al poema: se pone el oído a los pies de la hierba y se escucha entonces a Blanca Varela en idioma de hormiga, de perro o de araña.

Por Graciela Olave Ramos

8 poemas de Blanca Varela

hormigas caminando sobre alambre representan los poemas de Blanca Varela

CASA DE CUERVOS

porque te alimenté con esta realidad mal
cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo

tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces la
asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen sombras y
tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
como tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita- sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya que
ilumine mis restos

porque así es este amor
que nada comprende y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver

[HUNDO LA MANO EN LA ARENA…]

HUNDO la mano en la arena y encuentro la vértebra perdida. La extravío al instante. Sombra de marfil, desgranada. Mi padre sonríe. De este lado del mar la espuma es oscura. Huele a fiera me dice la pequeña amiga. El mar huele a vida y a muerte le respondo, supongamos que es así.

La salud aferrada a la roca. Piedra sensible a la luz. El cazador carece de manos y pies. Es ciego y desea. Y su deseo es el bosque bajo el agua, poblado de sexos en flor o de flores maestras que horadan el silencio con sus grandes picos rojos y lentos.

IV (De Canto Villano)

y sucedió también que
fatigados los comediantes
se retiraron hasta la muerte
y las carpas del circo se abatieron ante el viento
implacable
de la realidad cotidiana.
y si me preguntan diré que he olvidado todo
que jamás estuve allí
que no tengo patria ni recuerdos
ni tiempo disponible para el tiempo.

que a veces
me despierta una mirada
que ávidamente se traga la oscuridad
y que esos ojos azules son restos de alguna luz
restos de algún naufragio
signos del deseo
y de la agonía del deseo.

y que nosotros
los poetas los amnésicos los tristes
los sobrevivientes de la vida
no caemos tan fácilmente en la trampa
y que
pasado presente y futuro
son nuestro cuerpo
una cruz sin el éxtasis gratificante del calvario
y que no hay otra salida
sino la puerta de escape que nos entrega
a la enloquecedora jauría de nuestros sueños
nosotros o ellos
acertijo joker moneda perdida en el aire.
tibios temblorosos nonatos
sin estirpe ni prole
dispuestos siempre.

[ME SOBREVIVIRÁN…]

me sobrevivirán aguja vaso piedra
hormigas afanosas
me sobrevivirán

donde yo deje de estar pasará la sombra del sol
y muchas palabras de boca a boca
tejerán sin mi aliento sinsentidos

veo el árbol lleno de granos rojos
que ocupará tu lugar
mi hora suspendida
en el eterno crepúsculo que exhalo

todo esto y algo más que no veremos
sobre el mar que nos veía

ola suspendida estrella mortecina
vino empozado en tu mano
gesto que el aire enfría y diluye
témpano luminoso del corazón
que ausenta palpita
y nadie sabe por qué
se ahueca el aire
con su latido

FUENTE

Junto al pozo llegué,
mi ojo pequeño y triste
se hizo hondo, interior.

Estuve junto a mí,
llena de mí, ascendente y profunda,
mi alma contra mí,
golpeando mi piel,
hundiéndola en el aire,
hasta el fin.

La oscura charca abierta por la luz.

Éramos una sola criatura,
perfecta, ilimitada,
sin extremos para que el amor pudiera asirse.
Sin nidos y sin tierra para el mando

EN LO MÁS NEGRO DEL VERANO

El agua de tu rostro
en un rincón del jardín,
el más oscuro del verano,
canta como la luna.

Fantasma.
Terrible a mediodía.
A la altura de los lirios
la muerte sonríe.
Sobre una pequeñísima charca,
ojo de dios,
un insecto flota bocarriba.
La miel silba en su vientre
abierto al dedo del estío.

Todo canta a la altura de tu rostro
suspendido como una luz eterna
entre la noche y la noche.

Canta el pantano,
arden los árboles,
no hay distancia,
no hay tiempo.
El verano trae lo perdido,
el mundo es esta calle de fuego
donde todas las rosas caen y vuelven a nacer,
donde los cuerpos se consumen
enlazados para siempre
en lo más negro del verano.

En un rincón del jardín
bajo una piedra canta el verano.
En lo más negro,
en lo más ciego y blanco,
donde todas las rosas caen,
allí flota tu rostro,
fantasma,
terrible a mediodía.

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FRENTE AL PACÍFICO

Sangre amarilla en las dunas.
Día en ruinas.

Algo miraba antes hacia arriba.
No hace mucho
alguien intentaba volar.
Sembrada en la arena
la oscura melodía de la higuera,
absurda la sonrisa de la sal
entre la parda espuma de la playa.

Poderosos, llenos de secretos
llegarán los astros, puntuales.
Venus, impasible y celeste
dejará caer un rayo de olvido.

Aire libre,
día en ruinas,
revueltos lechos de la tarde.

Las cosas hablan entre ellas,
se mueven hacia ellas mismas.
El viento cuenta y ordena.

SECRETO DE FAMILIA

soñé con un perro
con un perro desollado
cantaba su cuerpo su cuerpo rojo silbaba
pregunté al otro
al que apaga la luz al carnicero
qué ha sucedido
por qué estamos a oscuras

es un sueño estás sola
no hay otro
la luz no existe
tú eres el perro tú eres la flor que ladra
afila dulcemente tu lengua
tu dulce negra lengua de cuatro patas

la piel del hombre se quema con el sueño
arde desaparece la piel humana
sólo la roja pulpa del can es limpia
la verdadera luz habita su legaña
tú eres el perro
tú eres el desollado can de cada noche
sueña contigo misma y basta

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