Llevábamos viajando −sin exagerar− 17 horas en tren desde Khajuraho, un pueblito ubicado en el estado de Madhya Pradesh, famoso por sus templos eróticos del Kamasutra. Esta parada aunque corta, resultó increíblemente necesaria para retomar fuerzas después de dos semanas de travesía. Fue la nota relax del viaje. Cuando armamos la ruta por el norte de la India queríamos dejar la guinda de la torta para el final: Varanasi, la ciudad más sagrada para el hinduismo. 

Ya después de 15 días por este increíble y fascinante país me sentía cada vez más habituada a su locura constante. Aprendí a moverme con destreza por esas estrechas callecitas, esquivando intrépidos motoristas, carretillas, basura, autos, vendedores, monos salvajes, guías turísticos, vacas, y gente, muchísima gente. El concepto de intimidad o espacio personal no parecía tener cabida.

He de reconocer que mi primer deseo al pisar esta ciudad no fue ir a mirar el Ganges o los crematorios de los cuales prontamente les hablaré, sino más bien conseguir un baño a toda prisa.

La verdad, no me había atrevido a usar el del tren después de ver las condiciones insalubres del mismo. Básicamente el lavabo era un agujero sobre el cual debíamos hincarnos y hacer malabares mientras el tren iba en movimiento. La acrobacia consistía en coger una jarrita amarrada con una cadena para limpiarte. Después de ver tremenda escena y sufriendo como una loca, me di media vuelta y volví a mi cama, deseando que ese tren no se atrasara más y llegara cuanto antes.

Ahí mi hidalguía de todo el viaje quedó aparcada…en momentos como esos  lo mejor es reírse de la situación y tomarlo como anécdota a futuro, es mi remedio a todo ¡pero eso fue solo por un momento, señores!

Fotografía nocturna que muestra las calles de Varanasi con mucha gente en una escalera

Llegada a Benarés

Al llegar a Benarés salimos despavoridos de la estación de tren con ganas de tomar el primer tuk tuk que se nos cruzara por delante y nos llevara de inmediato al hotel. Estábamos tan cansados que ni siquiera teníamos ánimo para regatear por el precio del trayecto. La idea era llegar cuanto antes, dejar nuestras pesadas mochilas e ir corriendo a ducharnos.

Mientras iba en el cochecito mi felicidad era máxima. ¡No podía creer que estaba en la ciudad que más ilusión me hacía conocer en el mundo! Estaba ahí y no era un sueño. Había leído tanto de ella que mi corazón latía fuerte, lleno de emociones, no podía creer lo lejos que estaba de mi casa y lo diferente que era todo lo que tenía frente a mí.

En medio del trayecto el chófer se detuvo y nos explicó que nuestro hostel quedaba en medio del casco histórico y que no tenía acceso a llegar a él con su máquina. Nos dio las indicaciones para poder encontrarlo (porque es verdad, en Benarés hay miles y miles de alojamientos pero los chóferes y la gente en general se los conocen todos, saben más que Tripadvisor y Trivago juntos) y cuales concursantes de Pekín Express nuevamente nos tiramos a la aventura, buscando por infinidad de recovecos, calles erróneas…hasta que por fin dimos con él.

El chico que nos recibió en el hostel se dio todo el tiempo del mundo para explicarnos los puntos más importantes para visitar, así como una infinidad de tours, restaurantes, tiendas de ropa o de artesanía. Lamentablemente tuve que cortar tan encantador recibimiento, pues mis ansias por entrar al lavabo eran más grandes que un tour por el Ganges. 

Unas horas después, ya con comida en el cuerpo y algo más repuestos, nos volvimos a enredar por esas calles laberínticas. Sinceramente y a simple vista parecía que en esta ciudad el reloj del tiempo se había detenido por cientos de años, por algo se la considera una de las ciudades más antiguas del mundo y un centro espiritual mucho antes de que el cristianismo surgiera. 

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Una ciudad que no se detiene

Benarés es imposible que te deje indiferente. Su aura envolvente se mezcla con la pobreza más absoluta. Ver tanta miseria delante de ti sobrecoge, se te aprieta el estómago, te deja estupefacta, sin palabras. Sus calles son un frenesí constante de gente y el fuerte olor a alcantarilla, unido al de bosta de vaca, basura, ruido de bocinas, barro, cenizas, incienso, comida callejera, hacen de esta ciudad algo caótico pero a la vez fascinante.

Ineludible: conmoción de forastera

Si algo tenía muy claro antes de viajar, era que ir a la India no era un destino cómodo y ese desafío me encantaba, y me sigue encantando. Y es que fue inevitable no pasar por todos los estados de ánimo en ese país. Por momentos la pobreza te entristece, te hace pensar y replantearte un montón de cosas: ¿qué tan predestinados estamos al nacer o crecer en un determinado país o posición social? Una de las cosas más duras del todo el viaje para mí fue ver a niños en precarias condiciones, sin zapatos (una constante en cada pueblo). Algo tan básico para nosotros, en India es un lujo casi inalcanzable. Y es más duro aún cuando ves que muchos de ellos trabajan en canteras, cargando grandes piedras sobre sus cabezas, sucios, desamparados… y a pesar de todo siempre tienen una sonrisa. Imposible que esto no toque el corazón.

Lamentablemente, la mayoría de estos niños y niñas son explotados por mafias o por sus propias familias. Es común que se te acerquen para pedir dinero. No quería fomentar este tipo de situación y que ese dinero fuera a parar a manos de explotadores y abusadores (lo mismo pasa con la explotación animal, de la cual también deberíamos ser responsables cada vez que viajamos a estos tipos de lugares), por lo que opté por cargar en mi mochila una bolsa de caramelos. Si tienes pensado viajar a la India te recomiendo no ser partícipe de las prácticas de estas redes.

Los indios por lo general son muy sociables, siempre están dispuestos a ayudarte, les encanta hablar con extranjeros y yo por supuesto, era una chica exótica para ellos. Vayas por donde vayas siempre se te acercaran.

Algo curioso del viaje fue darme cuenta que les encanta sacarse fotos con turistas. ¡Sí! Es algo loco pero creo que me habrán pedido más de cien fotos, con niños, mujeres, chicos, familias enteras… ¡En otras me hacían incluso levantar al bebé para la foto familiar! (en Agra fui una sensación, si hubiese cobrado un euro por foto hoy sería rica).Autora del artículo siendo adornada con una vestimenta fucsia típica de Varanasi. La rodean las mujeres de la ciudad.

La vida en los Ghats

Si hay algo que no puedes dejar de hacer en Varanasi es pasear por sus numerosos Ghats (hay más de ochenta). Básicamente son escaleras que descienden al río, cada uno identificado con un nombre y que atesoran variados templos y palacios. Se reúnen cientos de personas para las ceremonias de puja, baños sagrados, y por supuesto las cremaciones.

Siempre hay vida en los Ghats, incluso de noche. En un paseo por ellos puedes ver desde personas lavado ropa en el río, bañándose, lavándose los dientes, hombres Sadhus meditando o haciendo yoga, vacas rebuscando en la basura, y por supuesto algún listillo con ganas de timar a turistas (o turistas intentando timar a residentes). 

El Aarti en Varanasi

En el Ghat Dashashwamedh, uno de los más importantes, cada noche se realiza una ofrenda al río Ganges. Poco a poco la ribera se va llenando de cientos de peregrinos venidos de todos los rincones para el ritual Aarti.

Puedes verlo sentado en las escaleras o bien desde algún bote, previo pago. La unión del fuego, la luz, los colores, las flores, los bailes, las plegarias y su solemnidad hacen de la ceremonia algo único. Incluso si no eres hindú, la cercanía y el sentimiento de comunidad que se genera es tan potente que te olvidarás  por un momento que vienes de occidente. Pasajeramente, te sientes parte de esta hermosa tradición milenaria. El ritual en sí es bellísimo, está a cargo de jóvenes sacerdotes que en un sincronizado movimiento alzan sus lámparas de fuego e incienso una y otra vez en forma circular, en sentido de las agujas del reloj.

Presenciarlo es totalmente gratis y lo podrás disfrutar cada día al anochecer. El momento de la puesta del sol varía dependiendo de la época del año, aunque ronda las 19 horas y dura alrededor de una hora. Te recomiendo llegar con antelación para obtener una buena posición ya que en muy poco tiempo se abarrota de gente.

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Ceremonia Aarti en Varanasi celebrada por hombres jóvenes vestidos de naranjo frente al río sostienen el fuego

Los crematorios en Varanasi

Otros de los Ghats principales son los destinados a las cremaciones de los cuerpos. El Manikarnika Ghat es uno de los dos reservados para este propósito y es conocido como el Ghat del moksha, la liberación.

Antes de todo debo decir que entrar al crematorio está más que prohibido para turistas. A la zona sólo pueden acceder los familiares del difunto (las mujeres están vetadas), algún lugareño y los incineradores. Son los “intocables”, el grupo social considerado el más bajo y ligado a los trabajos más humildes, los que asumen el trabajo físico y que mantienen vivo, día y noche, un fuego sagrado que ha incinerado a ciento de millones de cuerpos por más de 2000 años.  

Desde el río

Puedes acercarte caminando por la ribera del río o pagando una “excursión” en bote y presenciarlo desde el agua. La sensación de estar ahí para verlo es indescriptible: el humo negro que sale desde las hogueras junto con el olor a cuerpos chamuscados, el sonido de la madera crepitando por el calor del fuego o la imponente estampa del Ghat en llamas vista desde el Ganges conforman postales que sin duda viajaran contigo de vuelta, grabadas a fuego en tu memoria. 

Se dice que la llama de los crematorios lleva miles de año encendida. El procedimiento de la cremación consiste primeramente en envolver los cuerpos en unas coloridas telas para posteriormente llevarlos al río y rociarlos con agua sagrada. Después son devueltos a los crematorios dispuestos en la orilla del Ganges para continuar con la ceremonia. 

No todos pueden ser cremados en este ritual

Hay cinco tipos de cuerpos que no son cremados: Los sadhus (hombres santos y respetados), los niños menores de 10 años, las mujeres embarazadas, los mordidos por una cobra y los leprosos.

Todos los demás buscan en la cremación un medio para poder liberar el alma de la vida terrenal y romper con el ciclo de las reencarnaciones y así alcanzar el nirvana.

Vista nocturna desde un barquito en el río Ganges en Varanasi

El sistema de castas en India

Aunque el sistema de castas en India fue abolido en la constitución de 1950, a día de hoy siguen existiendo diferencias de estratificación social entre los indios que, inclusive, se hace palpable en el complejo sistema de cremación. Dependiendo a qué casta pertenezcas (existen los Brahamanes, los soldados, los comerciantes y artesanos,  los esclavos y agricultores) y por ende, cuánto dinero tengas, se puede adquirir distintos tipos de maderas de mayor o menor calidad para la concreción de la ceremonia.  

No es perversión sino cultura. Hermoso y complejo proceso el de las cremaciones, un rito que a pesar del tiempo no sufre los cambios que acontecen en el resto del mundo. Ahí la espiritualidad le gana a la modernidad y la tradición antiquísima se impone a este mundo homogéneo, cambiante y globalizador que tanto pregonamos en el siglo XXI.

Varanasi es una ciudad única, mágica y sobrecogedora. Un lugar donde las cenizas y el fuego forman parte del paisaje desde hace miles de años y hacen de la espiritualidad algo propio y significativo.

Consejos para viajar a Varanasi

  • Si vas por tierra a los crematorios lo mejor es ir acompañado de algún lugareño, ya que no faltarán los que se te acerquen para contarte en que consiste la ceremonia y marearte con mil historias con el fin de sacarte dinero. Puedes preguntar en tu hostel. 
  • No te prives de comer. Disfruta de la maravillosa comida India, pero mantén siempre tus manos higienizadas y nunca, pero nunca, compres agua en la calle ya que muchas de ellas son rellenadas. Enfermarse del estómago es normal en la India. Pon mucha atención a qué y dónde comes.Postre típico hindú hecho con especias en un coco
  • India es un país mayormente seguro. Es normal ver chicas viajando solas, provenientes de todos los rincones del mundo, pero como en todo sitio, lamentablemente hay que ser precavidas. Si no quieres andar con mucho peso, lleva en tu mochila ropa holgada y cómoda. Además, una excelente opción es comprar allí, pues es realmente barata y su calidad muy aceptable. 
  • El paseo en barca por el río Ganges es un imperdible. Lo mejor es coordinarlo con antelación. Nosotros hicimos las gestiones con el mismo chico del hostel para el paseo al atardecer y asistir al Aarti y uno bellísimo que comienza a las 5 a.m. ¡Esperar el amanecer en el Ganges mientras ya se hace la primera ceremonia de fuego y luz es un es-pec-tá-cu-lo! 
  • Las fotos en los crematorios están prohibidas, pero si aún quieres llevarte esa instantánea de recuerdo la única forma que tendrás de hacer una será desde un paseo en bote. No olvides que es un lugar sagrado y merece muchísimo respeto. Infórmate en tu hostel sobre todos los detalles antes de acercarte a los crematorios para así evitar cualquier situación desagradable.
  • Si ya estás harto de tanto vendedor, un tip que descubrí es no dar a entender que hablas inglés, pues si entras en su conversación te agarran y ya no te sueltan. Suena fuerte, es cierto, pero después de casi veinte días de recorrer el norte de India el consejo da para mucho. Muy pocos hablan español, así que una forma de descartarte essolo hablo español”.
  • Para mí la experiencia de viajar en tren es otro imperdible si vas a la India. Es una forma económica de moverse por el país, y es de las cosas que recuerdo con más “cariño”. Las estaciones son un mundo aparte, donde puedes ver desde familias enteras que pernoctan a las afueras, ratas subiendo por los equipajes, cucarachas por doquier, vendedores de chai y curiosos mirándote porque, claro, ¡el raro eres tú!
  • El proceso de compra de los billetes es un poco lioso, ya que existen muchas clases y la página se cae constantemente. Van desde la AC1 (primera clase con aire acondicionado) a la sencilla Second Sitting. Nos subimos por equivocación a esta y la verdad, es bastante heavy, nada  recomendable para viajes tan largos pues aquí no hay asientos reservados y cada uno reclama su sitio. ¡Si sufres de fobia social esta, definitivamente, no es tu mejor opción!
  • Nosotros compramos clase sleeper, el más usado por mochileros y el que recomiendo. Las cabinas las forman cuatro literas (elige las camas upper para que puedas dormir tranquila) con viejos ventiladores pegados al techo. Amé esta experiencia y la volvería a repetir una y otra vez. Recomendadísimo, a ojos cerrados. 
  • Si eres animal lover como yo, vas a tener que hacer de tripas corazón en todo el viaje ya que, lamentablemente, las condiciones de estos son bastante paupérrimas. Por más que busqué no conseguí encontrar comida para perros en ningún comercio, y solo me vendían galletas o bolsas de leche recién ordeñada. Si te sobra comida o agua no dudes en guardarte un poquito para algún animalito, ellos son súper agradecidos. 

En definitiva… ¡para repetir!

Para terminar, tan solo recomendarte que si viajas a la India lo hagas con la mente y el corazón lo más abiertos posible, pues solamente así podrás disfrutar por completo de todas las situaciones que se te presenten durante tu viaje. Algunas serán tristes y duras, otras bellísimas; pero, sin duda, todas inolvidables.

Ser positivo en los momentos difíciles te ayudará en los días posteriores, ¡no desfallezcas! Mezclarte con la gente e interactuar con sus habitantes te enriquecerá a todo nivel, aprenderás muchísimo sobre su forma de vida y será imprescindible para poder acercarte a comprender su cultura y costumbres ancestrales.

Abre bien los ojos, aparca a menudo tu cámara de fotos y empápate lo más que puedas de todo cuanto tengas a tu alrededor, pues  los recuerdos de tus vivencias por la India serán, al final, más poderosos que cualquier fotografía.


Por Tamara Vera

Antropóloga, Santiago de Chile – Barcelona

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2 Replies to “Varanasi, en el corazón del hinduismo”

  1. Que buen relato, todo un viaje la lectura. Desde q leí «comer, rezar, amar» supe q India sería un destino místico. Gracias por compartirlo con tanto detalle y encanto. Los tips serán joya, imagino, a la hora de recorrer. Cariñxs!

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